¿DEL VERDE AL GRIS O DEL GRIS AL VERDE?

NUEVO CONCEPTO DE URBANISMO

Lali Bedmar

¿Por qué nos empeñamos en cementar todas las plazas?. El asfalto se impone a la naturaleza, convirtiéndola en residual. Los transeúntes se difuminan, al igual que las plantas, en entornos artificiales.

Según La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el mínimo de espacios verdes en las ciudades debe situarse entre 10 y 15 metros cuadrados por habitante. ¿Por qué la expansión urbanística elude, sistemáticamente los espacios verdes, que tanto benefician nuestra salud? ¿Se basan estas decisiones en simples cuestiones económicas asfalto versus naturaleza, esta última de más coste económico?

Abrazamos los escasos oasis que se alzan entre el ladrillo, el alquitrán, porque necesitamos interactuar con la naturaleza. Árboles, plantas y vegetación parecen pugnar por encontrar su identidad, su sitio, emergiendo tímidamente entre la jungla de asfalto, pequeños paraísos maltratados en los que buscamos refugio, reclamando nuestro lugar junto a esos retazos verdes que tanto necesitamos.

El medio que nos rodea moldea nuestras actitudes, nuestro comportamiento, nuestra manera de interactuar con el mundo y con los demás. Si no tenemos la oportunidad de que nuestra vista se pierda, a diario, en un retazo de naturaleza, nos convertimos en hijos de todos esos elementos artificiales que nos rodean. Nuestra sensibilidad mengua, la ciudad nos engulle, nuestro corazón se convierten en cemento, enfermo de polución.